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La Negra Soledad 4:190:00/4:19
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Las Rutas de Luna 3:010:00/3:01
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El Viaje 4:140:00/4:14
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Reseña de Ombú desterrado de Enrique Infante por Maythé Ruffino
Editorial Verbum 2023 Páginas 66 Pacha: tierra / madre / espacio-tiempo
11 de julio de 2023
¿Cuál es el origen de la palabra ombú?
Su nombre proviene de la palabra "umbú", que en idioma guaraní significa sombra o bulto oscuro. Su amplia copa servía de sombra a los viajeros y arrieros durante las horas de sol más intenso, ganándole el apodo de “amigo del gaucho” y su respeto.
Ombú, un árbol que no sirve para hacer fuego ni construir muebles, casas o trastes por su madera esponjosa. Sirve para dar frondosas sombras en las pampas desde donde lo trajo uno de los generales independentistas, José de San Martín al Perú y lo sembró el 10 de abril de 1822 en Pueblo Libre; Lima, Perú.
La estructura del poemario:
HANAN PACHA (8 poemas) el mundo de arriba / lo celestial / lo etéreo
KAY PACHA (10 poemas) mundo terrenal en donde habitan y coexisten los seres vivientes.
UKU PACHA (9 poemas) el mundo de abajo / de los muertos y las enfermedades.
PACHA (5 poemas) tierra / madre / espacio-tiempo
La traducción del primer poema:
ashé andino/ energía elemental del universo para mantener el equilibrio / la suerte de una persona.
Wiracocha/ dios creador del universo
me protege y guía
visito el pacífico de Pachacamac/ creador de la tierra
y nado con mis pies congelados en fuego
de tanto andar mientras que con mirada azuzada
Inti/ el dios sol
me arma de valor para seguir mis caminos
voy a las montañas mi alma visita su
Apu/ montaña más alta / señor de señores
en mi búsqueda por conectar con el
Hanan Pacha/ el mundo de arriba / lo celestial / lo etéreo
que oxigena mis pulmones Pachamama/ madre tierra
me anida en su centro
me hago paso en la Amazonía un chamán señala mi oriente
pues toda orientación debe empezar por el este dejo mi
Kay Pacha/ mundo terrenal en donde habitan y coexisten los seres vivientes.
por instantes luz y cuando me enfrento con mi Uku Pacha/ el mundo de abajo / de los muertos y las enfermedades
entiendo un poco más el porqué de mis trepidaciones
Illapa/ dios del rayo, la lluvia y la guerra
Mama Cocha Mama Sara y Mama Quilla están pendientes de su hijo
Mi lectura:
En el desespero del desarraigo el primer sitio donde el yo poético inicia su viaje es en el espiritual, Hanan Pacha, en la inmaterialidad de lo divino, en lo atemporal de todo lo que es espiritual que es el futuro, pero también el tiempo infinito y eterno. Ocho poemas constituyen esta exploración. Ashé andino o destino andino que es una geografía universal de los espacios y tiempos que marcan la epopeya de la búsqueda del ser humano. Le siguen despertar, este, encuentro, para llegar, pusajj o agosto o el número ocho y cuando menos.
ashé andino: este sendero poético inicia su tránsito tanteando su Ashé, lo que en la lengua ancestral quechua significa energía elemental del universo para mantener el equilibrio o la suerte de una persona. El poeta esta sediento de saberse, de conocer su identidad, de hallar su lugar en el mundo, de explorar su destino, su suerte. El poeta se sabe un ombú desterrado, como se titula la antología. Un árbol enorme que no es de gran utilidad al hombre productivo y sedentario en su empresa de construir albergue, casa, muebles, ni fuego siquiera porque es un árbol que sirve sólo para dar sombra su madera es esponjosa y húmeda. El pequeño universo de alivio y refugio que construye en la pampa argentina, de donde es originario, sirve para dar un respiro de frescor al trashumante. Es un árbol de alivio pasajero en la vastedad del llano desolado. Trasplantado por un criollo a Lima, se hace símbolo de una libertad del yugo del conquistador español. Pero también representa la fundación del poderío heredado por encima de los pueblos originarios. El poeta mestizo, con lengua criolla, inserta vocablos ancestrales Incas en lengua quiché en búsqueda de esa vena de sangre indígena que intuye clave en su esencia. Y el primer espacio donde hurga su pertenencia es en el divino, en Hanan Pacha, donde la potencia de los dioses le pueden prodigar el fuego que incendia sus pies con el agua helada de la mar que besa las costas de su tierra andina por el oeste pero con la mirada hacia el oriente, porque un chaman le indica al poeta viajero que “toda orientación debe empezar por el este” El poema que abre la antología es fundamental para descifrar el viaje por donde el hombre, el ombú, el árbol gigante y trasplantado, el origen del mestizaje, de una libertad otra, pero nunca para el indígena, debe transitar. Ahora, el yo poético se sabe un refugio transitorio para aliviar a los otros, se lanza al periplo para saberse.
El tránsito, como lo indica la riqueza de las expresiones ancestrales en lengua quechua, no solo es un tránsito espacial que indaga en lo de arriba, lo celestial, luego en lo terrenal y finalmente en lo de abajo o el inframundo. Cada uno de estos espacios significa también un tiempo. Por ello, el ashé, o el destino, la suerte, también se cifra en el tiempo futuro, el tiempo del ahora y el tiempo que fue en correspondencia con estos tres espacios. En este viaje por las dualidades espacio/tiempo el yo poético expresa su cansancio ‘de tanto andar’, desfallece y es el dios sol el que le da ‘valor para seguir’ su camino. Sube a lo montaña más alta, para acariciar el cielo, y allá arriba se revitaliza y ‘oxigena mis pulmones’. Desciende al plano terrenal, al ahora y encuentra luz, la que le sirve para descender al inframundo y enfrentarse con el pasado. Es un pasado ríspido, que le causa ‘tribulaciones’ al que tiene que ‘enfrentarse’ guerreando con el amparo de un dios bélico con fuerza de rayos, de lluvia, tormentoso que junto con las madres del yo poético le ayudará a entender y doblegar esa bestia del pasado, de lo que fue, de lo que está enterrado para que pueda el yo poético de nuevo transitar por la tierra, por el ahora aceptándose tal cual es.
El destino andino entonces, es uno de desarraigo, en el cual el yo poético se ve impulsado a transitar la dualidad espacio-temporal de lo espiritual/futuro, lo terrenal/ahora y lo subterráneo/el pasado para descifrar su ruta. Es un ser trasplantado, lleno de extranjería e inadecuación, sin pertenencia, urgido de enraizarse, de orientarse en cada una de estas esferas del universo para poder hallar su humanidad. Es un poemario épico, donde la travesía va a enfrentar al yo poético en una lucha en todas las esferas de la creación. En una búsqueda donde todos los sentidos se agudizan para que el hombre se nombre a sí mismo y no dude en que su andar hallara residencia, pertenencia, raíz.
despertar: el yo poético entiende que, en esa esfera de lo divino, el despertar a un plano superior implica dejar dormir, en la condición humana las peores de las miserias, entre ellas al ser impulsivo, instintivo, pasional, la razón y la lógica, las instrucciones y normativas de lo aprendido, la voz del patriarca, de la matriarca, dejarse ser en blanco, como un infante, volver a la inocencia, ahí es donde se despierta a lo espiritual, a lo divino.
este: el desconsuelo del desarraigo no le quita arrojo a este ser épico, que, como un héroe desterrado, reta el desarraigo y su búsqueda en lo divino a los espacios más inhóspitos, áridos, devastadores y nos dice que si debe iniciar el periplo no se achica ante la empresa porque hay sangre para la búsqueda y “si tuviera que pisar otras tierras/ empezaría en tus desiertos/ de arena adversa”
encuentro: Dos voces, dos seres se buscan, hundidos en la oscuridad se encuentran, aunque sus destinos de espiral no hallen más que un futuro seco, desolador, enarenado.
para llegar: el desterrado es consciente de que para llegar ‘debe romperse’. La autodestrucción es un proceso de aniquilación de aquello que es tóxico para la existencia. Esa ruptura con lo nocivo implica un renacimiento, un tender puentes hacia los espacios habitables deseables. Pero la lucha es fiera. Recordemos que el desterrado transita y aún busca dentro del espacio de la espiritualidad, de la inmaterial. Entonces debe “romper con un chasquido el iris de tu arco’. Es decir, destruir esa mirada que se desprende siempre desde el mismo punto de tensión y renovarla para renacer. Entonces hallar asidero. El trashumante ya trasformado quiere ‘enclavarme en tu centro’ y ser libre, ‘viento’ y vivir al máximo consumiendo su oxígeno como el ‘fuego’ para hacerse a sí mismo el espacio de residencia, su ‘morada’.
pusajj o agosto o el número ocho: Es un poema metáfora donde el yo petico dialoga con un ente femenino, una mujer, la tierra. Es el tiempo ocho, en calendario latino el mes de agosto, el otoño, la era de los vientos. La voz poética siente transcurrir climas, formas de manifestarse la tierra, es su manera de atestiguar el paso del tiempo. Pero antes de que el tiempo transitara el desterrado había besado los bosques de ella, de la mujer que es la tierra. Con el paso del tiempo y sus estaciones el desterrado ha perdido a la amada, a la compañera, el espacio del erotismo y los besos y se ha quedado sólo con un punado de cabellos lacios en llamas, extinguiéndose. Con ellos, también el espacio del goce.
cuando menos: dice ser una égloga, un canto a los enamorados pastoriles. Es ácida la voz poética porque se trata de una brutal despedida, de un final irreconciliable porque la canción se hizo ajena. Y aquél otro con quien el yo poético dialoga le dijo que la voz ‘rajaba’. Cuando la voz raja, se quiebra, se muere el canto.
con-memoria-ración: es el último texto que enumera binomios con los que danza la felicidad. El que lo cierra es la consumación de la pareja heteronormativa conformando una familia nuclear perfecta. Ese es el símbolo de la felicidad para el poeta que cierra su viaje espiritual en un festejo, en una algarabía entendiendo que su espacio máximo de goce es en la comunión con su opuesto y engendrando familia que cante, que baile, que goce en armonía. En el juego de palabras el festejo es memoria y en el recuerdo hay que racionar, dividir en partes, compartimentar para poder almacenar el recuerdo, la intensidad, la experiencia sin desbordarse. El fin del viaje a lo divino llama a la contención, la ecuanimidad, el refugio en el regazo familiar.
En lo terrenal, Kay Pacha, el personaje épico se construye en 10 momentos: noche primera, truncotranco, hombre ve al país que lo mira, el amor en los tiempos de súplica, derramado en textos, miércoles, búsqueda, montañista, músicas y manos fuertes.
noche primera: es la noche del encuentro de lo íntimo de dos seres en sus ‘rojos galantes’ en el nerviosismo del primer contacto hacen arder su fuego en el límite de sí mismos, de la tierra. Fue un encuentro conmovedor que hizo llorar esa temporada de vientos y hojarasca, el otoño en el tallo de su unión.
truncotranco: cercenada la valla. Es un poema enigmático, con esa enumeración azarosa borgeana cifrada en un clon limeño al que cuesta acceder. “nada es vano/ la escandalosa mentira y una lista de atropellos, incomodidades, fracasos, acciones indeseadas, castigos, eventos realizados en precarias condiciones, i.e. amar de forma erecta quizás. Porque en este paso por la tierra, toda contingencia y adversidad sirve para reconocer su existencia.
hombre ve al país que lo mira: este poema que juega a la intertextualidad con aquel fil de ‘hombre mirando al sudeste’ del director Eliseo Subiela, el poeta nos abre un par de universos para conversar. Si Rantés, el personaje protagónico mira con extranjería el comportamiento de la humanidad en ese país sudamericano, el yo poético mira con extranjería a esa tierra, Kay Pacha, de Norteamérica. En desconcierto se pregunta por qué le ha resuelto innumerables contingencias, por qué residir es Estados Unidos, por qué exigir unidad. Es el desterrado que se pregunta por qué el azar lo ha llevado precisamente a esa parte de la tierra a tratar de enraizarse, lejos de lo que siente suyo y ha perdido irremediablemente. El yo poético, como Rantés, ve como extranjero esa geografía que le ofrece una vida específica, resolutiva, pero ajena.
el amor en los tiempos de súplica: de nuevo el poeta recurre a la intertextualidad invitándonos a dialogar con la historia de amor de García Márquez, El amor en tiempos del cólera. Donde el amor imposible reside en la más profunda intimidad de los personajes que hasta en el final de sus vidas logran encontrarse en la intimidad del fuego de un amor que la extinción de la carne no pudo apagar. En los tiempos del amor que vive en la súplica el poeta sólo nos narra desencuentro. sin gente calzan/los miedos los seres/ saben los años que el tiempo aclara. La claridad del yo poético es su incapacidad de salir en busca del ser amado. Y a la vez la imposibilidad de que ese ser amado llegue por pie propio. Hay temor en los cuerpos deseados, un temor y una cobardía que ahuyenta el encuentro y deja al yo poético ensartado en la claridad de esa espera que sabe no lo llevará al cuerpo deseado, amado.
derramado en textos: es un poema elegiaco y celebratorio de la mujer amada en el cual el yo poético la caracteriza con poderío, pero a la vez con sumisión en el ruego. Tiene poder para arrinconarlo y alejarlo en abandono, así como para atraerlo con su poesía, es un mar potente que no pierde su brío al manifestarlo con la fuerza poética de su palabra.
miércoles: el yo poético abre con un epígrafe que dialoga con la poeta Miriam D. Maldonado que reniega de la desgracia de ‘habitar en las cuerdas de una guitarra quebrantada’. Y en esta cotidianidad atrapada en un puñado de nueve acciones, ella, la mujer es un ser con agencia que se acerca e interactúa, ejerce su deseo sobre el cuerpo yo poético, pero este, no se siente acompañado. Es una suerte de reclamo donde el poderío de la mujer impone una relación de poder donde el otro, sus deseos, sus acciones cuentan poco o nada.
búsqueda: ahonda más la voz del yo poético en reclamar al ser amado la compañía. La está buscando, despliega sus fuegos, se hace presente sólo para que ella se quede con él, para que lo escuche, para que cuente su voz, su cuerpo, su palabra. Pero la búsqueda de él no basta, ella está en permanente fuga.
montañista: es un poema amenazante, lleno de dolor, vengativo. El yo ha sido usurpado por un clan que lo ha destruido, le ha negado lo mejor de sí, lo ha expulsado de su entorno. El yo poético sabe que se levantará y con ese espíritu emprendedor de ‘montañista’ escalará de nuevo hasta forjar su nueva identidad en lo alto de su estirpe y entonces apachurrará a los que lo defenestraron.
músicas: este poemínimo, al estilo de Efraín Huerta, es un hermoso canto de amor dedicado a la hermana de poeta que maravillado desconoce qué pensará de él esa carnalita antes de toparse con el poeta en la mirada. Un deseo de conocer el enigmático universo de la mujer hermanada en el poeta desterrado.
manos fuertes: es un poema sofocante en el cual, animalizado el hombre, en una metáfora donde él mismo es el bisonte que ha sido dominado, domesticado, sujeto, renuncia a los sueños, a la calma, pero también a la bulla salvaje. Esa bravura y fortaleza del bisonte con pelaje abundante escapa al poeta que habrá de buscar, en la tierra, otro nahual, otra bestia que lo fortifique y le devuelva el anhelo de perseguir sus sueños, en la clama y en la bulla salvaje que lo acrecienta.
En su tránsito por el mundo de los muertos, el submundo, el Uku Pacha, el viajero hace 9 paradas: ch’askachaw o viernes, albavirus, decimado, exiliado, lujuria, parisina, muerte creada, el otro lado, pakatnamú o padre de todos y el inmigrante.
ch’askachaw o viernes: es el día en el que se inicia el descenso a Uku Pacha o el submundo. Y en ese primer encuentro no hay sino guerra, asfixia, duelo con ese territorio bélico y descorazonador. El poeta abraza y protege el cuerpo amado. La guerra por momentos puede ser en ese terreno inhóspito de la pacha, pero también en el del amor donde los cuerpos que se abrazan también se abrasan y se asfixian. La lucha con los demonios del submundo, del pasado batallan con el poeta que busca recuperar su ashé y respirar aliviado.
albavirus: es el momento de máxima desesperanza, la luz es oscura en la totalidad del Uku. No se puede avanzar, ser, existir en la oscuridad. El poeta esta extraviado y sin ruta en esta negrura.
decimado: el poeta deja rastro en el pasado y busca ser presencia en el ahora. Se aferra al sin embargo que es una resquebrajadura en la oscuridad, en el porvenir. Se fortalece para reiniciar su viaje en la aurora. El poeta es la curvatura donde la aspereza de las filosas esquinas no se flexionan para suavizar el paso. El poeta le habla a ella donde la habita en el fulgor, en los colores de su pintura, la nada permanece como un faro guía en la oscuridad del hombre.
exiliado: en este submundo, en este tiempo pasado, el poeta es sonámbulo de su miseria. Y como tal, ya no cierra los ojos ante tanta oscuridad, extranjería de su deseo por vivir. Pero la oscuridad no es la noche, es un espacio atemporal que lo aniquila. Reclama la noche que tiene sus ritmos, una temporalidad finita, una latencia que inicia y acaba para dejar ser al día con el susurro del alba. Ese transcurrir del tiempo anhela la voz poética para volver a transitar en un espacio que no sea el exilio.
Lujuria parisina: no es sino el poeta en despecho derramándose en los cuerpos transitorios de mujeres que no alcanzan a nombrarse, son tan efímeras que su memoria apenas alcanza el sonido de una letra inicial. En una multitud de placeres el poeta se halla perdido entre el vino, Paris, los placeres pasajeros y el anhelo de quien no le corresponde.
muerte creada: el poeta enuncia su verdad: una cosa es absoluta irse/ pero una cosa es mentira/ quedarse. El poeta ha fracasado en su búsqueda esencial de pertenencia. En el pasado y el mundo subterráneo no logra residencia. Lo único que sabe de cierto es que su vida es de ficción y quiere que su muerte se una definitiva y en calma. Se siente herido, se busca a sí mismo sabiendo que la batalla librada con el ser amado lo ha dejado otro, a pesar de todo, camina, anda el mañana mientras se cura. Sutil, pero no derrotada aún hay esperanza.
el otro lado: el poeta dibuja la ruta de su destino. Dice: un hombre/ va en busca/ de su animal interior/ la noche/ es más clara que el día. El lugar de residencia de ese hombre extraviado no es la razón plana y lisa como piedra. Es enfrentarse a sí mismo en la hondura de sus instintos. Ahí cree encontrará la respuesta de su no pertenencia y la calma para echar tiempo y raíz en su sitio en la tierra. Enfrentarse con ese hombre y desnudar su animal interior no será batalla facial y la libra aquí con los demonios del pasado en el Uku, el inframundo de su propio territorio.
pakatnamu o padre de todos: en el desamparo, el cansancio, el fracaso y la desolación de las batallas perdidas el poeta ruega por el padre que es el símbolo del abandono. Le reclama su ausencia, su negligencia, su abandono. Arma una genealogía enredada cuyos trazos son difíciles de descifrar. Al final de la multitud de padres diferentes, todos ellos, son muchos y uno solo, el que abandona y de donde el yo encuentra estirpe para reproducir el abandono. Parece ser la herencia que condena al padre en el patriarcado, el siempre abandonar al hijo ante la adversidad. El poeta no encuentra respuesta.
el inmigrante: este quizás uno de los más desgarradores poemas de la antología. El poeta nos dice que hay un vacío en su hondura repleto. En ese cuerpo trashumante no hay sino un hartazgo de vacío, de la nada. El poeta está inundado de un aire seco. Abatido, ‘sin tener un cuerpo/ no siente más’ La aniquilación ha sido tal que no hay cuerpo, carne, sangre matria para el sufrimiento. Lo que queda es lo intangible ‘una mente’ pero cuidado, que es la razón de ese intelecto que ha quedado ‘sin memoria en tu patria’. Todo sentido de pertenencia se ha perdido. El inmigrante no tiene refugio, esperanza de residencia en este pasado, en el territorio de abajo. Lo ha perdido todo, el cuerpo y la memoria, con ello la patria y la esperanza. Es realmente un poema desolador. De la colección el que, en su sincretismo, los recursos literarios del encabalgamiento, nos arrastran en una espiral en descenso a ese inframundo en donde el hombre desterrado, el inmigrante, el sin raíces se desintegra.
Y por la madre, la Pacha, el yo poético transita 5 momentos: cómo no creer, ¿quién me pone un disfraz?, mama, no son nada los poemas, la vuelta.
cómo no creer: esta sección abre a la pacha, a la madre, a la tierra a una dimensión de consuelo, de reconciliación, de volver a creer, de abrir la fe con la mirada dulce del recuerdo que hace al poeta ser, aún en la trashumancia, un limeño, un hombre que sabe probar una nube, una cancha de futbol de la infancia, la textura de un cielo limeño. A pesar de la derrota, el poeta, el hombre se reconstruye en lo que puso en tela de juicio, en lo que abandonó a pasos, de lo recupera a saltos en la memoria. Es un poema menos enigmático, de sintaxis fluida, el de más largo aliento dentro de una colección muy sobria y sintética de la antología. Es de una transparencia refrescante y de una sencillez esperanzadora.
¿quién me pone un disfraz?: es un poema cifrado, de sintaxis entrecortada que hace difícil la apreciación de las imágenes que apenas se van dibujando se quiebran con otra que la atropella y así va el poema nombrando demonios, pecados, batallas perdidas, búsquedas de la expiación. Al final lo que la voz poética busca es que no lo encajen y lo perpetúen en una de esas representaciones del mal que siente como un disfraz que no le ajusta. Quiere que le cambien el destino impuesto, alguien, que lo libere de esa caricatura infernal en que lo condenan.
mama: el yo poético le habla a la madre. La animaliza comparándola con una pantera que tiene el poder de salir de la ciudad donde el ombú fue plantado, el espacio del mestizaje y del dominio de los herederos de la conquista española a la jungla. Es un ser políglota cuya sensibilidad e inteligencia le permite comunicarse profundamente con otros seres que habitan esos nuevos espacios que ella descubre. Es una mujer poderosa que se sabe a sí misma habitante de su tierra en la que duerme sin temor, la que transita con libertad de ave, con sed de adolescente, exploradora, el mundo entero es su mundo y está a tono con los elementos de la naturaleza. Es un ser de luz, poder y libertad. Un lindo homenaje a la madre que no es sumisa ni cautiva del temor al otro. La mama es la tierra expandida, la pacha que abraza y libera, la que abre destino como el viento.
no son nada los poemas: en este poema el yo poético es un cuerpo baleado, vencido por los poemas que no logran construir un espacio de residencia. De nuevo, aunque en la tierra, en la pacha, no son lo que el poeta necesita para arraigarse.
la vuelta: el yo poético se dimensiona y resigna a saber que lo que deja tras de sí, aquello que él llama su ‘constancia’ no son sino sus hijos que saltan en la tierra. Lo que pensaba que era una mar potente y abarcador los granos de arena que le hacían creerse infinito, ni los desiertos de eterno peregrinaje no son más que memorias de un resquebrajamiento. Lo que el hombre que ‘arrolla’ ha construido, su casa es perecedero, efímero, transitorio. El poeta reconoce, que, en la pacha, lo ‘casa es sombra del árbol’. Lo que es de la pacha es permanencia, residencia, consuelo del hombre. Lo que dejamos con la arrogancia de creer que hemos construido no es sino la sombra de lo que en la pacha vale la pena: el árbol, la naturaleza, lo verde de sus ecosistemas y en ellos los hijos que ojalá puedan seguir saltando en ella sin destruirla. El poeta a recorrido las esferas del universo, sus tiempos y al completar la vuelta, en su periplo encuentra que el ombú desterrado no es sino un verdor que dará sombra a sus hijos mientras ‘la vida ocurre’.
El ’ombú desterrado’ es un viaje de un hombre en busca del hombre. Que reconoce cuatro espacios o geografías físicas, emocionales, espirituales y temporales en donde su destino está cifrado, en una palabra, búsqueda. La voz poética implora a los cielos, enfrenta batallas con sus miserias, busca el cuerpo de su amada, lamenta el abandono, reconoce su fracaso, su soledad y reta a quienes se regocijaron, junto con la mujer amada, del fracaso de la vida compartida. Se pierde en la oscuridad de la desolación, desespera, pierde pulmón y garra. Pero antes de que expire ene l último aliento se refugia en la pacha, en la hermana, en la esperanza y la fuerza que la pantera, su nahual, su madre le da para no dejar morir la esperanza, para no refugiarse en la vanidad del poeta que pretenda que un verso es un sentimiento y un poema la vida. Lo que el yo poético sentencia al unísono del poeta es que la vida no está ni en el artificio de la palabra, ni de lo que el hombre que construir sino en el árbol que permanece en su verdor, en su tronco, en su raíz, en su morir como árbol y renacer árbol. En el hombre su vida ocurre en el ser hombre y padre de sus hijos y prodigarles el aliento, la tierra y la fuerza para poblar la pacha mama y morir siendo nada más que hombre.
El ombú desterrado es la epopeya no de un héroe, sino de un hombre que, en su exilio, en su devastación, en su pérdida amorosa, en la devastación de una plegaria sin cobijo, busca nada más que volver a ser hombre.
Maythe Ruffino es autora, poeta, escritora mexicana, performer, traductora, promotora cultural. Egresada de la Universidad de California de Los Ángeles donde cursó las Licenciaturas de Ciencias Políticas, Estudios Latinoamericanos y Literatura Hispanoamericana. Recibió su maestría en literatura hispana e hispanoamericana de California State University, Los Ángeles. Cursó su doctorado en literatura latinoamericana con interseccionalidad de estudios de género, historia y política en la Universidad de California de Santa Bárbara. Ha impartido talleres literarios, dado conferencias y participado en la vida cultural, literaria y poética en México, España, Canadá, Argentina y EEUU. Ha publicado en medios especializados en las ciudades de México, Managua, Los Ángeles, Miami, San Francisco, Washington, Madrid, Montreal y Argentina. Antologada por la UNESCO en Nicaragua 2000 y en el Fondo de Cultura Económica en Anuario de poesía mexicana 2004 como una de las mejores poetas mexicanas. También en Féminas: antología de infidelidades y mentiras escrita por mujeres, Ars Communis 2021. De su creación son los poemarios: Trenas de Bruma, Discrepancias, Singladuras de arena, Rasgando oscuridad, Poemas transitorios, Alas de Pájaro, De sal y ceniza, DisLorcaciones, closed blinds, unwanted poems y rastros de la catástrofe. Es cronista, analista política y crítica literaria. Publica en el diario La Opinión de Los Ángeles, Latino California entre otros medios. Dirige talleres de literatura y escritura creativa en EU y diversas partes de Latinoamérica.
Acerca de “El ombú desterrado” (poemario) de Enrique Infante
Por Maythé Ruffino (MEX-USA)
Reseña (fragmento) de El ombú desterrado de Enrique Infante
Editorial Verbum 2023 Páginas 66
Pacha: tierra / madre / espacio-tiempo
¿Cuál es el origen de la palabra ombú?
Su nombre proviene de la palabra "umbú", que en idioma guaraní significa sombra o bulto oscuro. Su amplia copa servía de sombra a los viajeros y arrieros durante las horas de sol más intenso, ganándole el apodo de “amigo del gaucho” y su respeto.
Ombú, un árbol que no sirve para hacer fuego ni construir muebles, casas o trastes por su madera esponjosa. Sirve para dar frondosas sombras en las pampas desde donde lo trajo uno de los generales independentistas, José de San Martín al Perú y lo sembró el 10 de abril de 1822 en Pueblo Libre; Lima, Perú.
La estructura del poemario:
HANAN PACHA (8 poemas) el mundo de arriba / lo celestial / lo etéreo
KAY PACHA (10 poemas) mundo terrenal en donde habitan y coexisten los seres vivientes.
UKU PACHA (9 poemas) el mundo de abajo / de los muertos y las enfermedades.
PACHA (5 poemas) tierra / madre / espacio-tiempo
El ’ombú desterrado’ es un viaje de un hombre en busca del hombre. Que reconoce cuatro espacios o geografías físicas, emocionales, espirituales y temporales en donde su destino está cifrado, en una palabra, búsqueda. La voz poética implora a los cielos, enfrenta batallas con sus miserias, busca el cuerpo de su amada, lamenta el abandono, reconoce su fracaso, su soledad y reta a quienes se regocijaron, junto con la mujer amada, del fracaso de la vida compartida. Se pierde en la oscuridad de la desolación, desespera, pierde pulmón y garra. Pero antes de que expire ene l último aliento se refugia en la pacha, en la hermana, en la esperanza y la fuerza que la pantera, su nahual, su madre le da para no dejar morir la esperanza, para no refugiarse en la vanidad del poeta que pretenda que un verso es un sentimiento y un poema la vida. Lo que el yo poético sentencia al unísono del poeta es que la vida no está ni en el artificio de la palabra, ni de lo que el hombre que construir sino en el árbol que permanece en su verdor, en su tronco, en su raíz, en su morir como árbol y renacer árbol. En el hombre su vida ocurre en el ser hombre y padre de sus hijos y prodigarles el aliento, la tierra y la fuerza para poblar la pacha mama y morir siendo nada más que hombre.
El ombú desterrado es la epopeya no de un héroe, sino de un hombre que, en su exilio, en su devastación, en su pérdida amorosa, en la devastación de una plegaria sin cobijo, busca nada más que volver a ser hombre.
Por Anna Francisca Rodas Iglesias (Medellín, Colombia)
Al paso y el peso de la palabra, los poemas al interior de “El ombú desterrado”, dan cuenta del hombre en movimiento sobre la tierra, que es una, desde la humanidad que la habita. La fuerte presencia de un territorio ancestral, su historia, sus creencias, su lengua, presentes en la condensada palabra entran al laberinto de versos en videncia hacia otra liberación de un pasado donde el lenguaje da cuenta de ello en imágenes intensas: «[…]visito el pacífico de Pachacamac/ y nado con mis pies congelados en fuego/ de tanto andar mientras que con mirada azuzada/ Inti/ me arma de valor para seguir mis caminos […]».
«la casa es la sombra del árbol», nos dice, y en esa profunda certeza retumba la voz poética de Enrique Infante. En fuerte latencia, la lengua ancestral fusiona, cadenciosa, al ritmo de un equilibrista que sostiene la cuerda entre el ayer y el presente, en fuego, hacia un punto continuo de partida.
Símbolos y crítica en imágenes habitadas de evocación donde el eco intensifica la huella: «finalmente/ el comienzo/ ese dolor a/ soledad en/ millones de nombres […]». Sobre sí, aquello que el poeta traslada a sus lectores en un llamado a no adaptarse para evitar ser consumidos como acto de inmolación sobre sus propias angustias.
La libertad, la plena libertad bien puede hallarse en otra certeza marcada como una sentencia donde detenerse: «una cosa es absoluta/ irse/ pero/ una cosa es/ mentira/ quedarse». Asisto entre líneas, no tengo duda, sobre una génesis envuelta en la sombra milenaria no exenta de filosofía para hacer de la semilla un árbol predestinado al poema.
Poderosa alquimia rodea la asociación de imágenes al interior del poemario donde, como nos lo hizo sentir el amauta, José María Arguedas en su libro “Todas las sangres”, es necesario reconocernos en la historia de nuestros ancestros y nuestros pueblos para permanecer humanos.
Por Willy Gómez Migliaro (Paucartambo-Cusco, mayo de 2023)
El ombú desterrado de Enrique Infante es un canto al tiempo de las constelaciones andinas que encierran rotaciones de quienes volvemos al origen a través del reconocimiento de otros territorios (modernos quizás) en los que hemos vivido y amado y el desgarro de la memoria detiene. El trastorno es el lenguaje sagrado de todo poeta, y he ahí la nostalgia de la escritura en cuatro momentos u otras formas del pensamiento. El Hanan Pacha es la evocación de la limpieza hacia y desde el mundo superior “si tuviera que pisar otras tierras / empezaría en tus desiertos”; el Kay Pacha es la tierra misma del mundo real donde las experiencias se convierten en legado “los seres / saben los años / que el tiempo / aclara”; el Uku Pacha, el más allá y la muerte como resurrección “la luz /no se ha apagado”; y finalmente Pacha, la tierra, esa vuelta al encuentro de los otros con quienes construimos un mundo mejor. El ombú desterrado es lenguaje de la trasformación del espíritu y su poderío.
Por Juan Rojas – poeta (Delaware, Ohio. 27 de marzo de 2023)
Me entusiasma la ocasión de celebrar la poesía naciente de Enrique “Kique” Infante, quien, desde su partida de Perú, su deambular por Europa y su arribo a los Estados Unidos, ha logrado desarrollarse con éxito como músico, compositor y promotor artístico. En esta ocasión me honra dar la bienvenida a El ombú desterrado del poeta Enrique Infante, publicado por la Editorial Verbum de Madrid, España y poder incluirlo y abrigarlo en la creciente y meritoria trayectoria poética hispana que fortuitamente se desarrolla en los Estados Unidos.
Como el título mismo indica, el poeta, el ombú, semilla de árbol sembrado en el Perú por José de San Martín, sufre un destierro. En su canto, el ombú atraviesa Hanan pacha, el mundo de arriba, Kay Pacha, el mundo terrenal, Uku Pacha, el inframundo, para germinar y crecer en Pacha, la tierra, lugar de espacio-tiempo, lugar de búsqueda y caminos por andar, donde el poeta, el ombú, se siente guiado y protegido por los dioses andinos.
Adentrarse en El ombú desterrado lleva a percibir el metafórico ciclo y experiencia del destierro, el despertar del sueño –aunque no sea tan placentero—, y vivir los (des)encuentros donde los cantos se hablan. La poética del ombú revive la experiencia humana desde la semilla, desde las tradiciones de su cultura y en su recorrido, la transcribe en el canto del árbol que va creciendo. En el transcurso, el ombú, el hombre-su aminal interior, el poeta, (se) hace preguntas. Ha llegado a un país que lo mira con cautela, que igual lo abraza y lo rechaza. En su recorrido conoce el amor, la amistad, la discordia y, sin embargo, continúa avanzando en su fulgor. A veces se siente abandonado, a veces bendecido por sus andinos dioses. Llega a este país del norte, arriba con su legado: su nativa lengua indígena y su español, sin miedo, a dejar constancia, porque la vida ocurre –el ombú dice— y “en sus visiones / no son nada / los poemas / no son más / sus cantos”.
Adentrarse en El ombú desterrado lleva a percibir el metafórico ciclo y experiencia del destierro, el despertar del sueño –aunque no sea tan placentero—, y vivir los (des)encuentros donde los cantos se hablan.
— @EditorialVerbum (@EditorialVerbum) June 16, 2023
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